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Año Nuevo sin techo

Historias de dos familias vulnerables, a metros del Congreso de la Nación.

“Lo peor que te pasa acá es que dormís y te levantás, pero no sabés si realmente estás vivo. En la calle corrés riesgo de que te apuñalen durmiendo, que te roben o pase una camioneta y se lleve a tu hijo, que lo trafiquen, lo vendan, que le roben los órganos. Vi de todo. De día la calle tiene una cara. De noche, otra”. Tamara tiene 24 años. Está tirada en un colchón. El colchón, en la vereda.

Así como lo cuenta viven Lautaro, su hijo de 5 años, y David, de sólo 4, hijo de su amiga Alejandra, que la mira de reojo mientras habla. Así pasaron la Nochebuena y así empezarán el nuevo año. Y a simple vista, todas las noches y días que vendrán después, mientras sigan sin amparo, en situación de calle, puntualmente en la cuadra de Alsina entre Solís y Entre Ríos, adonde se mudaron hace un par de meses.

Antes no estaban mejor. Si no podían pagar una pieza paraban en algún rincón de la Plaza de los dos Congresos. Ahora se apostaron en Alsina sin altura.

Las manos de los nenes están sucias, igual que su cuerpo. Se refriegan sobre sus madres, sobre el colchón y la remera se les sube. El calor es fatal. Como las nubes. “No me jodas que va a llover”, le dice una a la otra.

Lauti -así lo llama Tamara- sonríe con todas las caries del mundo. David juega con un autito, el único que hay. Alejandra, entonces, cuenta: “A veces vienen unos del Gobierno, de amarillo, y nos echan. Dicen ‘tenemos que limpiar’, y te levantan los colchones en la mitad de la noche. Te sacan cosas. Hasta los juguetes de los chicos se llevaron ayer”.

¿Y la atención social del Estado? “Te sacan a los chicos”, jura Tamara. Primero había rechazado charlar (“sé cómo son los periodistas: después te escrachan”), pero ahora participa, indignada por las imprecisiones de su amiga, quien entre indomables risas salidas de alguna sustancia (¿paco? “No, yo sólo marihuana”), intenta relatar su drama diario.

Alejandra tiene 29. Cocinaba en casas de Nordelta y hace diez años que no tiene un trabajo estable. Prácticamente vive en la calle desde los 12, luego de terminar la primaria en Tigre. Y estuvo presa 4 años en el penal de Ezeiza. Tiene tres hijos, pero sólo David está con ella: “A él lo tuve en la cárcel”.

“Por robar... ¿por qué iba a ser? Ahora ni robar podés. ¡Te llevan en cana!”, se queja. Intentamos una fugaz charla sobre el bien y el mal. “Robar no es bueno, pero si no te dan trabajo, ¿qué hacés?”.

Tamara dice saber de mecánica: “Soy profesional. Hice la secundaria”. Pero, aclara, “nadie te da laburo porque sos gente de la calle y no tenés una dirección. Yo quiero salir, no es que me guste estar así”.

Las cuentas las lleva Alejandra: “La pieza que alquilaba sale 8.500 pesos ("La mía 12.000", interrumpe Tamara). El Gobierno dice que te da la mitad, pero sólo son 3.500. ¿Cómo consigo el resto?”.

Los mayores expertos nacionales en pobreza suelen admitir que terminar con la pobreza estructural es complejo, pero erradicar la indigencia requiere unas pocas políticas adecuadas. Eso sí, hace falta voluntad y sabiduría.

Porque, ¿cómo contener los miedos a una experiencia brutal y traumática como la de Tamara?: “¿Dejarías que te saquen a un hijo, lo lleven a un hogar en el que cuando estás te muestran la mejor atención y cuando te vas lo maltratan o violan? Yo me crié en un hogar y sé lo que es. Lo mejor que le puede pasar a un chico es estar con la madre. Mejor es acá.”.

No para los vecinos de la cuadra, que llevan marcada la línea de asistencia 108 infinitas veces. Dicen que el Estado no se ocupa de esas familias, ni de ellos mismos, ni de la cuadra, que encima alberga un importante valor cultural: están el edificio de la Asociación Argentina de Actores, Monumento Histórico Nacional, y en octubre se inauguró un imponente mural surrealista dedicado al artista francés Marcel Duchamp, que vivió en  Alsina 1743.

Los chicos corren y se ríen. Uno hace pis hacia el asfalto. Las mujeres suelen pedir el baño en el cine Gaumont y se duchan en un centro de día. Evalúan que con la gestión anterior había más libertad porque podían montar carpas improvisadas en plena calle...

¿Y qué van a hacer en Año Nuevo? "Por ahora vamos a estar acá. O en la plaza. Pero seguro por acá. Es nuestra casa”.

 

 

Fuente: Clarín