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Una humilde familia de un asentamiento abrió un merendero

Fabián y Rosa viven en una precaria vivienda y no tienen trabajo, pero decidieron ayudar a sus vecinos y dan de comer a 25 chicos.

Fabián y Rosa son una joven pareja que formaron una familia y decidieron vivir juntos a sus pequeños hijos en una precaria vivienda, en el asentamiento ubicado a la vera del “Camino de la Virgen” del lado de la Capital, y determinaron poner en práctica una iniciativa solidaria con la que pretenden mejorar -al menos un poco- la dura realidad que les toca vivir a los niños del lugar, en un contexto de gran vulnerabilidad y de innumerables carencias, lo que demuestra que con voluntad, amor y compromiso, se puede ayudar .


Ellos saben de las muchas necesidades que existen en el sector y que en estos tiempos difíciles  a muchos padres les cuesta  conseguir el sustento diario para dar de comer a sus hijos. Conocen esta realidad porque la vivieron, ya que conviven con ella a diario. Si bien la situación de ellos no ha mejorado, nada los detuvo a la hora de ofrecer un plato de comida o una taza de mate cocido a los niños que viven en este lugar en precarias viviendas. 

Así comenzó lo que lleva por nombre Merendero “Camino a la Virgen”, que funciona en el humilde hogar de esta familia, nombre que fue elegido por ellos  justamente porque se encuentra emplazado sobre este histórico camino,  y porque aseguran que la “Virgencita del Valle” los ayuda.


“Nosotros sabemos que con esto no vamos a resolver el problema de la gente, pero nos hace felices y a los niños también, además sabemos lo que es la necesidad porque pasamos por esto, y no estamos mejor, pero nos sentimos bien ayudando porque con muy poco se logra mucho”, reflexionó Fabián, mientras servía el mate cocido con pan  a los niños que estaban sentados en banquetas, y otros sobre algún block de cemento.


El merendero, no recibe ayuda de ningún organismo para su funcionamiento, tampoco ellos lo solicitaron porque se sostiene gracias a la solidaridad de mucha gente. “No recibimos ayuda de ningún Gobierno, pero sí de la gente que pasa por frente y ve el cartelito que pusimos y se baja y nos deja yerba, azúcar, a veces para cocinar y hasta ropa, todo eso va para los niños”, contó el hombre.


 Al merendero asisten unos 25 chicos, aunque en general el número varía de acuerdo al día. De lunes a viernes les sirven a los pequeños la merienda, mientras que los sábados y domingos les dan un plato de comida al mediodía.


 Fabián y Rosa no tienen trabajo, a veces el hombre sale a “hacer changas” cortando el pasto en algunas viviendas para poder conseguir lo que les falta para comer, y al estar viviendo en un asentamiento, los servicios con los que cuentan no son los mejores. De hecho están “colgados” para poder tener energía eléctrica, y un vecino les proporciona el agua potable por una fina manguera, y aunque muchos de sus derechos y posibilidades se ven vulnerados y no cuenta con cuestiones básicas como una vivienda digna y un trabajo, ellos supieron quebrar su destino y tener un gesto solidario que se materializa con la idea de que con voluntad es posible sobreponerse a las adversidades y a la vez ayudar al prójimo. 

 

 

Fuente. El Ancasti