Estudiantes de la Escuela Secundaria N.º 65 elaboraron mermelada de cayote

La actividad, guiada por la profesora Isabel Medina, permitió a los alumnos de 5.º año reencontrarse de manera presencial luego de varios días de clases virtuales y recuperar saberes vinculados con la producción y la gastronomía regional.

Estudiantes de 5.º año de la Escuela Secundaria N.º 65 “Eusebio Catanesi” participaron de una jornada de elaboración de mermelada de cayote, una propuesta educativa que combinó aprendizaje, producción y encuentro comunitario.

La actividad fue guiada por la profesora Isabel Medina y se desarrolló luego de varios días de clases virtuales. Durante la jornada, los jóvenes participaron de las distintas etapas del proceso: cortaron el fruto, prepararon los ingredientes y cocinaron la mermelada de manera tradicional, aprendiendo también sobre el manejo del fuego y las técnicas de elaboración.

Según explicaron los propios estudiantes, el cayote es un fruto similar a la sandía, cuya pulpa, de textura fibrosa, se deshilacha en hebras durante la cocción. Su utilización en dulces y mermeladas forma parte de la gastronomía tradicional del Noroeste argentino.

La preparación demandó varias horas de trabajo e incluyó también el acondicionamiento de los envases. El dulce fue cocinado en una olla de cobre, a fuego lento y con azúcar, mientras los estudiantes revolvían de manera constante para evitar que la preparación se pegara.

La jornada tuvo lugar en la casa de la familia Quintero, donde vive la alumna Diana, que se convirtió en punto de encuentro mientras la comunidad educativa aguarda el regreso a las instalaciones de la escuela.

En ese espacio, la señora Valle y su familia recibieron a los estudiantes y compartieron con ellos mate y pan casero durante la merienda. Desde la institución destacaron especialmente el gesto de la familia y el acompañamiento brindado a los jóvenes.

“Nos hicieron sentir el calor de hogar”, expresaron desde la comunidad educativa al agradecer la hospitalidad recibida.

La escuela destacó que la experiencia trascendió la elaboración del producto y se convirtió en una instancia de aprendizaje colectivo y fortalecimiento de los vínculos entre estudiantes, docentes y familias.

“No solo hicieron mermelada; hicieron, fortalecieron, comunidad”, resumió la institución.