La paradoja de Milei: la economía se estabiliza, pero el crecimiento no aparece
- Categoría: Nacional
- Publicado el Martes, 29 Septiembre 2026 19:35
Mientras el Gobierno sostiene la estabilidad macroeconómica, la actividad empieza a mostrar señales de alarma. La industria volvió a caer y se reabre una pregunta incómoda para el presidente: ¿Estabilizar alcanza para volver a crecer?
Se impuso, de a poco, una pregunta molesta. ¿Estabilizar necesariamente deriva en crecimiento? Que el Gobierno haya podido hasta ahora estabilizar el plan económico, ¿significa que lo que sigue necesariamente supone el crecimiento de la Argentina?
Al principio, esto se presentaba como una certeza: “Primero, Javier Milei va a estabilizar, y luego todos unidos triunfaremos creciendo”. Ahora, esa certeza se convirtió en un signo de interrogación. ¿Por qué?
Porque hay una serie de datos de la economía que son preocupantes. Hay dos tableros: el partido de la estabilización y el partido del crecimiento.
Mirá la estabilización de Milei. Acordate que veníamos de 2000 de riesgo país, de 211 de inflación, de veinte tipos diferentes de dólar. Y hoy tenés el dólar quieto con un poquito de ayudín, pero quieto; la inflación en 1,7 a la baja y equilibrio fiscal con un poco de trampa porque hay muchos pagos pisados, pero hay equilibrio fiscal. La macro está con cierto nivel de estabilidad. ¿Hay estabilidad? Hay. Antes no había.
Pero ¿qué es lo que no hay? Crecimiento. Y esto es algo que empieza a preocupar. El gran número -que fue un bombazo- fue el 2,9 que registra la actividad económica, según el Estimador Mensual de Actividad Económica del INDEC. Del mes pasado a este mes, perdió casi tres puntos, lo cual es grandísimo. Hace seis años que no se daba un número tan malo como ese.
El segundo número que prende las alarmas, relacionado con esta cifra relativa al crecimiento es, por supuesto, la pobreza, que aumentó cuatro puntos.
Y te voy a sumar dos elementos. Uno, el índice de confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella, que es muy fiable porque, en general, correlaciona bien con la intención de voto. Del mes pasado a este, Milei y el Gobierno perdieron casi seis puntos. Todos números malos.
Y todavía hay una cifra más, que es el riesgo país. ¿Te acordás que en julio estaba en 400 puntos y el Gobierno gritando que estaba por perforar los 400, 390, 380 y pico? Bueno, poco tiempo después está en 640 puntos. Por supuesto, no son los 2000 de arranque que heredó Milei, pero son preocupantes porque alteran lo que es sagrado: la expectativa.
La expectativa es: “Yo no sé si estoy mucho mejor ahora que con el gobierno anterior”. A lo mejor sí. Pero sobre todo, y este es el insumo más básico de todo gobierno, “tengo la expectativa de que con este piloto de avión voy a estar mejor el año que viene.” Eso se llama expectativa. Hay números del crecimiento que son malos. Es más, hay un riesgo que no existía, que es el riesgo de recesión, con dos trimestres seguidos a la baja.
Acá hay un problema grande y es que uno creía que la estabilidad generaba necesariamente crecimiento, pero no provoca crecimiento. Tuvimos gobiernos que hicieron crecer la economía y la recalentaron, destruyendo el orden macroeconómico.
Ahora tenemos un fenómeno inverso. Dicen algunos que para sostener el dólar, para sostener la inflación, causa-efecto, se está deteriorando el crecimiento de la economía.
Vos me dirás: “Pero ¿y cómo? ¿Y Vaca Muerta? ¿Y la minería? ¿Y el campo?“. Pero, por supuesto, ¿sabés cuánto exporta ahora la Argentina? Rompió un récord, más de 100 mil millones de dólares. Eso nunca había ocurrido. Vaca Muerta vuela, gas and oil vuelan, campo, minería, todo eso funciona.
Pero mirá lo malo que debe ser todo lo otro, la situación de la industria, el comercio, la construcción, para que, pese a todo lo que traccionan esos sectores pujantes, el promedio esté todavía negativo.
Y acá hay un problema de observación de la realidad. Porque imaginate lo que viene pasando con los mercados. La Argentina necesita volver a los mercados, ser confiable. Y mirá lo que le pasa a un inversor. Imaginate a un inversor, la semana pasada, que está en Manhattan y va a las dos reuniones con políticos argentinos. En un encuentro hay un tipo que le dice que vamos al paraíso. Y a cinco cuadras de distancia, hay otro tipo que le dice que nos vamos al infierno. Milei y Axel Kicillof. Este inversor está viendo, justamente, si deja la ficha financiera que tiene puesta en la Argentina o si se la lleva por miedo. O si quiere invertir en la economía real. Está con dudas. ¿Nos vamos al cielo o al infierno? El tipo no sabe quién tiene la verdad: cada uno dice exactamente lo contrario sobre la situación actual de la Argentina. ¿Entonces qué hace? Se pone a mirar encuestas para ver quién puede ganar. ¿Y con qué se encuentra? Con qué hoy podría haber un escenario de ballotage. Mientras el tipo había leído a principio de año Miei ganaba caminando, hoy hay un escenario eventual de ballotage donde el presidente no tiene seguro.
Y hay más: este inversor levanta la cabeza y ve en una pizarra que los bonos del Tesoro Americano, con la suba de tasa, pagan entre 4 y 5. Si vos sos ese inversor, ¿qué hacés? Yo te cuento lo que hacía el inversor. El inversor estaba entusiasmado hasta hace un tiempo, decía por ahí pongo la ficha, por ahí me juego por la Argentina. Esa, que era una duda con trasfondo positivo -“por ahí voy a jugar por Argentina”-, hoy se transforma en una duda negativa. Mejor voy a esperar. Y ahí la Argentina tiene algo impensado para un gobierno cómo el de Milei: la inversión es más baja que hace algunos años.
Y entonces te decís a vos mismo: “Este es un gobierno promercado, capitalista. ¿Qué es lo que está pasando?“. Y lo que está pasando son las dos cosas: riesgo kuka y riesgo de no crecer, que es un riesgo M.
¿Alguien escuchó a Kicillof enunciar algo diferente? No, lo que dijo claramente en los Estados Unidos es que esto así no iba, que el dólar estaba retrasado. Y van a decir, “pero no es Kicillof”. También hablemos de lo que dice el kirchnerismo: Máximo acaba de proponer un nuevo impuesto a las transferencias financieras. Otro impuesto. Volvamos a ese inversor extranjero, pero también local, que dice: “¿Y ahora qué hago?”. “No importa si me afecta a mí este impuesto a las transferencias afuera, porque yo la tengo adentro y quiero invertir adentro. Pero ya sé cuál es el repertorio de este gobierno que vendría. Más impuestos. Más carga impositiva. Más del pasado. Más de lo de siempre. Riesgo kuka. No hay una idea renovadora. Me retraigo y no invierto”. Y si estoy acá en la Argentina y tengo que armar una planta, una línea de producción más, no lo hago.
Y ahora voy a lo otro, que es el riesgo de no crecimiento. ¿Por qué? Lo digo nuevamente: porque ahora descubrimos con dolor que estabilizar no es sinónimo de crecer.
Entonces el tipo dice “¿Qué hay para mí? Si estoy vendiendo poco". Si, como dice Roberto Moldavsky, hay solo dos sensaciones de ánimo. Se vende o no se vende.
El mostrador está tibio y lo que está en Vaca Muerta no necesariamente redunda en los conglomerados urbanos de provincia de Buenos Aires, Gran Córdoba, Gran Mar de Plata, Gran Rosario. Ahí hay miles de puestos de trabajo que están en peligro.
Se pierden también con una política económica que favorece a algunos, que no favorece a otros y que no tiene un acompañamiento, un andamiaje del Estado para reconvertir.
Si vos decís: “Vamos a otra matriz económica, dame la mano que yo te voy a acompañar con excepciones impositivas, con todo lo que pueda para que vos no te extingas como los dinosaurios”, lo hacemos.
Pero si vos querés otro país y no va a haber ningún tipo de asistencia, hay un problema agregado. Y es que esa gente que a lo mejor te votó en 2023, en 2027 te dice: “Yo tuve mucha esperanza por vos, pero ahora me voy a buscar otro voto a otro lado”. Entonces ahí tenés una situación nueva.
Lo que era una duda, empieza a ser una duda fuerte. ¿Y si este plan, incluso con más tiempo, no genera necesariamente crecimiento? Te lo digo de otra manera: ¿Y si Milei es bueno para estabilizar, pero no es bueno para hacer crecer el país?
Cierro con esta otra cuestión que tiene que ver con la autoridad de la palabra. Ustedes saben que en este momento Manuel Adorni sigue enredado en sus propias mentiras, y Adorni es el señor que con su falta de claridad patrimonial enredó y cocinó al gobierno a fuego lento.
A fuego lento porque el Gobierno tardó varios meses en sacárselo encima y esto lo hizo bajar la bandera contra la casta, esa bandera de honestidad o de transparencia como política de Estado.
Ya es parte del pasado esa bandera con la que el Gobierno decía “no somos lo mismo” y el propio Adorni decía “nosotros no somos lo mismo”. Tuvo que bajarla y la perdió a manos de Adorni. Por supuesto, estuvo $LIBRA, por supuesto estuvo ANDIS; pero claramente, desde Adorni en adelante, el Gobierno no tiene autoridad moral para hablar de transparencia, aunque los casos de corrupción hasta ahora descubiertos o sospechados no tengan nada que ver con la escala de los anteriores. No importa, porque para el electorado Adorni “es” o “sería” corrupto.
Del mismo modo en que el Gobierno perdió autoridad presidencial por haber sostenido Adorni, ahora se incuba otra pregunta: ¿Milei está diciendo realmente la verdad, en las entrevistas, cuando le consultan sobre la economía? En Bloomberg dijo muchas cosas y dejó dudas ante los inversores... No ya ante el periodismo que él no quiere, ante los econochantas ni ante todos nosotros, digamos lo que digamos. Me refiero a los inversores, al mercado, al sagrado mercado en el cual Milei sí cree.
Ese mercado y esos inversores que estuvieron en las reuniones tienen algunas dudas sobre las consistencias en los números que presentó Milei y en los argumentos con los cuales el presidente relativiza este momento de indicadores negativos.
Él está seguro, transmite la convicción de que esto necesariamente va a mejorar, pero no termina de quedar claro, a partir de sus argumentos, por qué la Argentina sí va a crecer.
Entonces, finalmente, la reflexión es: atención con lesionar esto sagrado que es el valor de la palabra.
Recuerden que todo el mundo decía, antes de que asumiera, que Milei podría tener problemas de armado político porque no tiene equipo, porque son muy poquitos, porque no tiene representantes en las provincias, intendentes, gobernadores, porque no tiene expertise ni conocimiento, porque qué sabrá Karina Milei, que se dedica a hacer tortas. También decían muchos que Milei iba a tener problemas sociales porque se le iba a desbordar la calle. Todo eso se decía, pero al final Milei no tuvo esos problemas.
Sin embargo, tiene problemas en su propio campo de conocimiento, la economía, donde era insospechado. Y comienzaqn a asomar algunas dudas sobre los argumentos que está utilizando Milei, si son creíbles y son sólidos.
Fuente: TN







